Federalismo  

(De federal).
1. m. Espíritu o sistema de confederación entre corporaciones o Estados.


“El mundo de la vida (…) al principio es coextensivo con un sistema social apenas diferenciado (…) (Más tarde) los mecanismos del sistema consiguen separarse paulatinamente de las estructuras sociales a través de las cuales tiene lugar la integración social. (…) Las sociedades modernas alcanzan un alto nivel de diferenciación social, en el cual las organizaciones progresivamente autónomas se conectan entre sí a través de medios de comunicación deslingüistizados: estos mecanismos sistemáticos (…) conducen un tipo de relación social que se ha desligado en gran medida de las normas y valores.

Jürgen Habermas

Federalismo como internacionalismo consensual

Principio amplio de organización política y social que puede institucionalizar la interdependencia cooperativa, sin recurrir al “Estado-Nación” de la modernidad occidental, y conservar al mismo tiempo el poder de las asambleas municipales.Red de varias entidades políticas que se asocian para formar un conjunto mayor, sin que las entidades más pequeñas se disuelvan en ella ni desaparezcan, pero aspirando a la consecución máxima de una asamblea de la sociedad-mundo basada en la consecución de un sistema marco básico para su conjunto.

El internacionalismo hoy en día puede ser valorado desde el punto de vista de ruptura progresiva del orden político y social mediante la construcción y mantenimiento de una red de solidaridad entre todas aquellas personas que sufren el mencionado orden, con procedencia de cualquiera de los Estados-nación en que este impera. En la Unión Europea, el internacionalismo resurge desde los países del Sur como respuesta potencialmente organizada frente a las imposiciones económicas y fiscales que ha generado la crisis de la deuda. Esta alianza entre personas de diversos Estados recoge el testigo del internacionalismo clásico antibelicista y lo descompone en diversos horizontes, uno de los más claros siendo el proceso constituyente que solo en cada Estado-nación podría darse a partir de un cierto triunfo de las uniones de poder popular forjadas en base a la solidaridad internacionalista. Opera asimismo como una nueva ruptura entre la dicotomía entre la globalidad de los mercados y la fractura territorial de los pueblos, alimentada por las antiguas formas de izquierda y derecha oficialistas.

Reina Sofía_TFG_Page_8

En la comunidad interestatal actual, Occidente –su élite– ha presionado al resto del globo hacia un sistema neoliberal de intercambio; una suerte de «constitución económica transnacional» inherentemente desreguladora, donde la competencia entre distintos regímenes regulatorios estatales tiene la capacidad potencial de provocar una «competición a la baja» en torno a los estándares sociales –protección de derechos laborales, aseguramiento social, gasto en las grandes partidas de redistribución de las oportunidades– y medioambientales –normas que apuesten por la sostenibilidad ecológica; esto es, la protección al aseguramiento de la supervivencia de las generaciones futuras–.

En este marco de feroz competencia internacional al que tanto ha coadyuvado nuestro pensamiento, cualquier forma de «sistema social» ofrece cada vez menos incentivos que le ayuden a asegurar su supervivencia. El doble sistema de centros y periferias que nos dan la fractura nacional-territorial, por un lado, y la fractura transnacional-socio-económica, por el otro, «parece volcar su importancia poco a poco a favor de esta última». Ese retrato que caracteriza mayoritariamente a la sociedad internacional fuera de Europa (en palabras de Mike Davis: «un proletariado sin fábricas, ni talleres, ni trabajo; sin patronos y en el caos de los trabajos marginales, ahogándose para sobrevivir y recorriendo su existencia a lo largo de ciudades miseria como un camino entre las brasas»), comienza a destrozar los cimientos de la idealizada «clases medias» en las sociedades occidentales habían hecho descansar la supuesta «sostenibilidad» de su crecimiento. Eso ha terminado, la hora del «precariado internacional» ha dado comienzo.

La “sociedad laboral” que hemos creado se convertiría en una sociedad de trabajadores sin labor (…) seguramente, nada podría ser peor.

Hannah Arendt

Frente a ello, también se ha producido una revolución silenciosa alternativa, los valores del postmaterialismo crean alianzas transnacionales contra la marginalidad política de grupos sociales y minorías, a favor de los derechos de las mujeres o en defensa de la protección medioambiental. Estos grupos deberían actuar en pos de la pacificación mundial y la creación de instituciones públicas para la resolución de conflictos bajo el paradigma de la consensuabilidad, calidad entendida como el reconocimiento de que el consenso que se pretende absoluto es nocivo y mentiroso; mientras que el ideal democrático ha de ser un consenso móvil que vea en el conflicto su cualidad transformativa.

La socialdemocracia parece haber olvidado que su única posibilidad es la mediación entre intereses claramente opuestos, los del capital y los de la gran mayoría de la sociedad. Pero, sin autoridad central no hay mediación. En este panorama, unos Estados, cuyas soberanías han sido desbordadas, solo pueden actuar reprimiendo las quejas del poder compensatorio. El poder empresarial les ha desbordado para no volver.



Con este marco de fondo, se vislumbran dos salidas «ideales»: cooperar para conseguir una autoridad global que asegure unos mínimos de sostenibilidad social y ecológica en la sociedad internacional corrigiendo los actuales sesgos territorial y de género de la socialdemocracia, o, por el contrario, ceder a las normas del sistema económico constituido y ahondar en la competición a la baja en torno a los estándares sociales y medioambientales, bajo el paraguas de un sistema-mundo anárquico, y envuelto por una feroz y antisocial competencia interestatal.


REFERENCIAS

DÍAZ-SALAZAR Desigualdades internacionales
WALLERSTEIN Geopolítica y geocultura
MIKE DAVIS Planeta de ciudades miserias
HORVAT Y ZIZEK, El sur pide la palabra


internacionalismo