Libertad

(Del lat. libertas, -ātis).
1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.
2. f. Estado o condición de quien no es esclavo.
3. f. Estado de quien no está preso.
4. f. Falta de sujeción y subordinación. A los jóvenes los pierde la libertad.
5. f. Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres.
6. f. Prerrogativa, privilegio, licencia. U. m. en pl.
7. f. Condición de las personas no obligadas por su estado al cumplimiento de ciertos deberes.
8. f. Contravención desenfrenada de las leyes y buenas costumbres.

Recuperación  del concepto de libertad de la democracia ateniense, donde se anteponía  el interés común de la sociedad al individual. Era visible tanto de  forma activa eficaz como de forma simbólica. Por ejemplo a la hora de  tomar posición en un conflicto, las partes que podían salir perjudicadas  estaban excluidas de voto por la posibilidad de velar antes por sus  intereses que por las del conjunto de la sociedad. Esto atañe a la  conciencia de las personas que conforman la sociedad, algo que va mucho  más allá (aunque también está implícito) de la formulación por una nueva  democracia en términos teóricos y prácticos.

“LIbertad” no es más que otra palabra

Una señal segura de que nos hayamos en presencia de Ideología en estado puro- y dominados por ella- es cuando nos parece absurdo, inútil, ridículo o incluso de mal gusto cuestionar un determinado término, valor o concepto. “Libertad” es un ejemplo muy claro. ¿Quién se atreve a cuestionar la “libertad”? ¿No es algo evidente y necesario? ¿No te conviertes en “enemigo de la libertad” si empiezas a hacer demasiadas preguntas sobre este concepto tan fundamental para la cultura de Occidente?

Y sin embargo, en nombre de “la libertad” se bombardean países, se detiene a sindicalistas, se monopolizan medios de comunicación, se privatizan escuelas y hospitales, y se impone la voluntad de los especuladores sobre la de los pueblos. En nombre de “la libertad” reina por doquier su opuesto. Como dice Zygmunt Bauman, la paradoja de nuestro tiempo es que con esta “libertad”, nunca habíamos sido tan impotentes como ahora.

Bajo la mayoría de los juegos de lenguaje en los que entra la palabra “libertad” en nuestros días, subyace en realidad la ideología neoliberal que se ha ido adueñando de este término desde los años 70 del S. XX, podando, invirtiendo o desplazando todos sus valores semánticos hasta hacerlos coincidir casi sin fisuras con la mitología del mercado, el individualismo y la competitividad que enmascara la brutalidad del capitalismo actual.

En su Breve Historia del Neoliberalismo, David Harvey traza esta apropiación de las nociones comunes de libertad como uno de los momentos claves en el ascenso del Neoliberalismo en los años 70. Como epígrafe del capítulo que describe este proceso, Harvey coloca una frase del estribillo de una canción famosa de aquel período: “Freedom’s just another word”- del tema Me and Bobby McGee, escrito por Kris Kristofferson y popularizado en la versión de Janis Joplin de 1971.

Ya que Harvey deja ahí ese verso suelto sin más, sin volver a mencionar siquiera la canción, puede resultar interesante aquí explorar- en formato de comentario- el concepto de libertad tal como se refleja en Me and Bobby McGee.



Me and Bobby McGee

Según Kristofferson, la canción se inspira en el filme La Strada, de Fellini (1954) (http://en.wikipedia.org/wiki/La_Strada). Los personajes de La Strada son artistas ambulantes que viven “en la carretera”. Como figuras sociales pertenecen a una larga tradición goliárdica y juglaresca que se remonta por lo menos a la Edad Media (si no antes) y que remite a un sector de la población que nunca llegó a integrarse en la disciplina de ningún aparato productivo, ni bajo el feudalismo ni bajo el capitalismo. En eso mismo radica el atractivo y la precariedad de su vida itinerante, que en la Italia de 1954 simboliza a la vez la añoranza de una tradición pre-capitalista, y la posibilidad de un pensamiento nomádico que empieza a desafiar tanto a la vida burguesa como a la disciplina laboral del proletariado bajo el capitalismo fordista.

Busted flat in Baton Rouge, waiting for the train
And I’s feeling nearly as faded as my jeans
Bobby thumbed a diesel down just before it rained
It rode us all the way to New Orleans

Es fácil comprender el atractivo de los personajes de La Strada para Kristofferson, por su afinidad con una figura (no enteramente equivalente) de la historia norteamericana: el drifter– una mezcla de vagabundo, aventurero y oportunista desclasado que también vive on the road, y que puede acabar ahorcado o encontrando una mina de oro, como vemos en tantos Westerns: Sin en un céntimo en Baton Rouge, esperando al tren/ Me sentía casi tan gastado como mis vaqueros. Pero aunque el drifter norteamericano proviene de la misma matriz histórica que los personajes de La Strada (la disolución del feudalismo y la destrucción de los bienes comunes en Europa), al cambiar de continente se convierte en un personaje social muy distinto. Aunque sigue fuera de la disciplina del capitalismo ‘ordinario’ con su ética protestante del trabajo (Bobby paró un camión antes de que empezara a llover/ y nos llevó directo a Nueva Orleans) el drifter ya no es un juglar- ni siquiera un simple pícaro del Barroco- sino un depredador polimorfo y oportunista al acecho de la ocasión para hacer fortuna de golpe. El drifter en sus cualidades básicas es indistinguible de lo que hoy se celebra en la figura del ‘emprendedor’. Es decir, su creatividad perversa y su capacidad para el riesgo y la precariedad son ya en potencia el embrión del tipo de subjetividad que el Neoliberalismo potencia. Estos drifters en tránsito de una subjetividad a otra son los personajes de Me and Bobby McGee.

From the Kentucky coal mines to the California sun

Bobby y su amante Cruzan la Norteamérica de 1971 en autoestop desde las minas de Kentucky hasta el sol de California. Es decir, su recorrido vital es el mismo que van a hacer en esa misma década el capitalismo y la cultura estadounidense, cuyo centro de gravedad se desplaza desde la base industrial del Este y del Mid-West hacia lo que serán las nuevas industrias culturales, y la “sociedad del conocimiento” en la Costa Oeste. Sin saberlo aún, Bobby y su amante van camino de Silicon Valley.

Freedom’s just another word
for nothin’ left to lose

El primer verso por si solo significa “Libertad no es más que otra palabra”, pero en conjunción con el segundo la traducción sería mas bien: “Libertad es sinónimo/ de no tener ya nada que perder”. ¿Cómo se convierte la idea de Libertad en sinónimo de “nada que perder”- es decir, de desregulación, precariedad y riesgo? El nomadismo de la contracultura de los 70 absorbe toda la energía que proviene del rechazo a la ética protestante y a la disciplina del trabajo fordista, toda la creatividad de las vanguardias artísticas, de la música pop, de las drogas, incluso de las tradiciones goliárdicas como las de La Strada. Pero lo que tienen en común todas estas energías es que son fuerzas desreguladoras; en el lenguaje de Deleuze, descodifican, desterritorializan, disuelven vínculos y coordenadas. Nada que perder. Pero el vacío de la descodificación siempre está presto a llenarse de nuevas codificaciones. Cuando el capitalismo te libera de unas reglas es para imponerte otras nuevas.

Feeling good was easy, Lord, when he sang the blues
Hey, feeling good was good enough for me
Good enough for me and my Bobby McGee

La “libertad” de los 70, una vez disuelta la disciplina del capitalismo fordista/ keynesiano, no se recodifica como potencia vital, que es la utopía de una existencia juglaresca, dedicada a la creación como fín en sí mismo. “Dios que fácil era sentirse bien/ cuando Bobby cantaba blues/ Y eso nos bastaba a mí y a Bobby Mcgee”. Esta posibilidad histórica se pierde y en su lugar el vacío lo llena el Neoliberalismo, es decir, una reformulación de la vieja mitología del capitalismo liberal, tan afín a la tradición estadounidense: el individuo que busca oportunidad y fortuna contra todo y contra todos y que asume el riesgo y la precariedad. Con esto se cierra el círculo y se establece una nueva forma de disciplina a la que hoy estamos tan acostumbrados que ya ni la vemos como tal. Eso es nuestra “libertad”.

One day up near Salinas, Lord, I let him slip away
He’s looking for that home and I hope he finds it

Un día cerca de Salinas- ¡Dios Mío! – lo dejé escapar/ En pos de ese hogar que busca y que espero que encuentre. La fiesta se termina en 1980, con la elección de Ronald Reagan. Muchos drifters dejan la carretera; su recorrido llega a su fin. Bobby abandona la existencia nómada- y a su amante en la canción- para fundar un hogar en Salinas. La desregulación y la ‘libertad’ van a quedar circunscritas a los mercados, la desindustrialización, la globalización de capitales, las tecnologías de la comunicación. Para todo lo demás, los neoconservadores ofrecen “hogar”, “familia”, vuelta a viejos valores. Pero el riesgo y la precariedad serán al final todo lo que quede, como una nueva forma de disciplina que hoy conocemos como ‘austeridad’.

Freedom’s just another word
for nothin’ left to lose.


libertad